Una semana, ¿quizás dos o 3? No recuerdo con exactitud cuánto tiempo fue, si le preguntara a mi corazón diría que fue una eternidad. Una eternidad luego de haberme decidido a jugarme todo, algo que tendría que ser motivo de alegría... pero no lo era. La agonía si la recuerdo. La alternancia entre la tristeza y la alegría, que provocaba esa pequeña luz de esperanza que aun yacía en algún recoveco de mi corazón y que rara vez se filtraba en palabras a un amigo, ese que seguía la historia al pie de la letra. ¿Que sentía?, ¿qué pensaba?, ¿qué era yo en su vida? En alguna porción de sus pensamientos, ¿yacía? Lo dudo. No lo se. Solo se que me estaba volviendo loca, loca por saber todo eso y mucho mas. Loca por correr a sus brazos, auxiliarme de cualquier otro temor que me perturbaba, loca por besar sus labios aun sabiendo que cuando alejara los míos de ellos, cuando descendiera de esa nube rosa y rozara la cuarteada tierra, vería en sus brillantes ojos que no había sentido lo mismo. Pero era una respuesta, y cualquier respuesta era la fuente de agua más grande y más dulce en medio del colosal desierto. Un si, un no, un bien luego de un “¿cómo estas?”. Cualquier efímera respuesta era tanto para mí.
Y allí estaba, un día como cualquier otro, recostada de lado en mi cama, en ese escondrijo entre la pared y el escritorio, donde me siento chiquitita. Sin quitarle la mirada al teléfono… otra vez… esperaba una respuesta. Una respuesta a la pregunta que mi corazón no pudo sostener más: ¿Me quería? …Pero no era esa exactamente la duda. Mi corazón vomito una pregunta más extensa, llena de sentimientos e incertidumbre, que encerraba esa, y muchas otras preguntas más... Esa respuesta iba a acabar con la congoja que mantenía grises mis días, monótonos, carentes de magia. Si era “si”, mis días se teñirían de rosa, y nada volvería a ser como antes. Si era “no”, continuarían siendo tan grises y tristes como siempre. Lánguidos. Mustios. Sin soles ni mariposas de colores. Sin besos de película ni caricias estremecedoras. Pero… ese no fue el caso esta vez. Su respuesta fue si, y mi corazón palpito mucho mas fuerte, ...una sonrisa de esas que te muerden las orejas se dibujo en mi cara. Ya esta. Era feliz. Era la esperanza de que mi vida cambiara rotundamente. Un giro de 180º. Ya no había incertidumbre, solo... alegría.
Me dio una de las llaves de su corazón ♥
Y allí estaba, un día como cualquier otro, recostada de lado en mi cama, en ese escondrijo entre la pared y el escritorio, donde me siento chiquitita. Sin quitarle la mirada al teléfono… otra vez… esperaba una respuesta. Una respuesta a la pregunta que mi corazón no pudo sostener más: ¿Me quería? …Pero no era esa exactamente la duda. Mi corazón vomito una pregunta más extensa, llena de sentimientos e incertidumbre, que encerraba esa, y muchas otras preguntas más... Esa respuesta iba a acabar con la congoja que mantenía grises mis días, monótonos, carentes de magia. Si era “si”, mis días se teñirían de rosa, y nada volvería a ser como antes. Si era “no”, continuarían siendo tan grises y tristes como siempre. Lánguidos. Mustios. Sin soles ni mariposas de colores. Sin besos de película ni caricias estremecedoras. Pero… ese no fue el caso esta vez. Su respuesta fue si, y mi corazón palpito mucho mas fuerte, ...una sonrisa de esas que te muerden las orejas se dibujo en mi cara. Ya esta. Era feliz. Era la esperanza de que mi vida cambiara rotundamente. Un giro de 180º. Ya no había incertidumbre, solo... alegría.
Me dio una de las llaves de su corazón ♥
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